La casa de madera en el cerro se hunde bajo la
lluvia. El chamán moderno recoge los restos de
un cuaderno roto, sus páginas mojadas por el
tiempo y la sangre. La tierra bajo sus pies
huele a pino quemado y traición política.
El canal Hombres transmite un mensaje codificado:
"El testamento está en el río". El chamán no
responde. Sus manos temblorosas dibujan símbolos
en la tierra, intentando bloquear la visión que
lo atormenta.
Una semana después, el cuerpo de un estudiante
es encontrado en el río. Su boca está llena de
arena y su piel tiene marcas de un ritual
antiguo. La policía no investiga. Los vecinos
murmuran sobre el espíritu del cerro.
El chamán recibe una carta doblada en papel de
maíz. En ella, una lista de nombres: todos
vinculados a la dictadura. Un nombre le salpica
la cara: el suyo. La ley dice que los
testamentos no pueden ser abiertos sin
consentimiento. Pero la ley también ha cambiado.
En la madrugada, el chamán entra al río con un
cuchillo de obsidiana. El agua lo arrastra hacia
una cueva bajo las rocas. Allí, bajo un altar de
piedra, encuentra una caja de hierro. Dentro,
documentos, cartas, y una foto de él mismo, de
niño, junto a un hombre que murió en 1973.
El chamán no puede salir. El río lo atrapa con
raíces que crecen desde el suelo. La traición
política no es un concepto: es un ritual. El
agua lo empuja hacia el fondo, donde una figura
espera. Es el mismo hombre de la foto, pero más
viejo, con ojos de fuego.
El chamán toca la caja. El mundo se vuelve sordo.
La traición no es un acto: es un pacto. La caja
se abre. El río se detiene. El chamán levanta la
vista. En la orilla, una mujer lo mira. Es la
hija del hombre de la foto. Ella tiene el mismo
rostro que él.
El río vuelve a fluir. La caja se cierra. El
chamán sale, empapado y sin palabras. La
traición política no es un secreto: es una
herencia. La mujer lo sigue, pero no habla. El
chamán sabe que no podrá revelar lo que vio. El
río no perdona.
La caja queda enterrada bajo el cerro, donde
nadie puede encontrarla. El chamán vive en
silencio. La traición política no es un final:
es un comienzo.


