El niño corre entre los pasillos del mercado de

La Vega, donde el aire huele a pescado podrido y

café molido. Sus manos rozan el suelo, buscando

monedas perdidas entre los charcos. En una

esquina, un hombre de traje arrugado le ofrece

un mapa doblado: "Vete al 34. Allí hay

trabajo".

La dirección apunta a una casa de ladrillos

rojos en el cerro de San Cristóbal, donde nadie

vive desde hace décadas. El niño llega al

amanecer, pero la fachada está intacta, como si

el tiempo no hubiera pasado. Dentro, encuentra

un reloj de arena en el centro de una sala vacía.

Al tocarlo, el mundo se vuelve borroso.

Dos semanas después, el niño aparece en una

calle que no reconoce. Los edificios tienen

ventanas con cristales azules, y los carteles

anuncian eventos que nunca ocurrieron. Un hombre

lo llama por su nombre, aunque él no lo conoce.

"Eres el último que entró en el 34",

dice. "¿Qué

viste?"

El niño no recuerda. Solo siente un peso en el

pecho, como si algo se hubiera quedado dentro.

Se dirige al lugar donde creyó haber estado,

pero ahora es un terreno baldío cubierto de

maleza. Entre la tierra, encuentra un trozo de

papel con una fecha: 1973.

Una mujer lo espera detrás de un árbol. Lleva un

vestido largo y una expresión de miedo. "No

debes volver allí", susurra. "Las reglas

cambiaron". El niño no entiende, pero siente que

algo en su cuerpo se rompe.

Al día siguiente, el niño camina por el centro

de Santiago, pero los edificios son diferentes.

Las calles están vacías, y los carteles muestran

nombres de personas que nunca existieron. Una

voz en su cabeza repite: "No puedes recordar lo

que no fue".

En una librería abandonada, encuentra un libro

antiguo con su nombre escrito en la portada. Lo

abre y lee: "El tiempo es un río que fluye hacia

atrás". Al cerrarlo, el mundo vuelve a su lugar,

pero ahora sabe que algo está mal.

El niño busca al hombre del traje arrugado, pero

no lo encuentra. En cambio, encuentra un sobre

en la calle con un número de teléfono. Cuando lo

llama, una voz femenina responde: "¿Eres tú?

".

No puede decir sí.

El niño decide no volver al 34. Pero al caminar

por la ciudad, nota que algunas personas lo

reconocen. Un policía lo detiene, le pregunta

por un robo que nunca ocurrió. "Eres

sospechoso",

dice. El niño no sabe qué responder.

Al final, el niño se sienta en un banco del

Parque Forestal. Mira al cielo y piensa en lo

que vio. Sabe que no puede olvidarlo, pero

tampoco puede hablar de ello. El tiempo sigue,

pero él ya no es el mismo.