El profesor enigmático entra a la biblioteca
pública de Valparaíso. Sus manos tocan los lomos
de libros olvidados. Una sombra se proyecta
sobre el suelo de madera. El viento trae el olor
a salitre y papel viejo. Un grupo de mujeres lo
observa desde la entrada, sus rostros ocultos
detrás de pañuelos negros.
En la sala de lectura, una joven mujer levanta
un libro de historia. Su nombre es Clara. La
cubierta está escrita en letra cursiva: Memorias
de la Transición. Al abrirla, una hoja cae al
suelo. En ella, un nombre: María Elena.
El profesor enigmático camina hacia ella. Sus
ojos no muestran emoción. Solo una calma que
duele. Le entrega la hoja. Ella la sostiene,
pero no la lee. Siente un hormigueo en las manos.
El aire se espesa. Las luces de la biblioteca se
apagan una por una.
Una voz murmura en la oscuridad. No es un
susurro, sino un eco de algo que ya no existe.
El profesor habla. No hay palabras, solo una
presión que se clava en el pecho de Clara. Ella
siente que el suelo se mueve bajo sus pies. El
tiempo se rompe en fragmentos.
Las mujeres se acercan. Sus pañuelos caen al
suelo. Una de ellas, más alta, dice: "No puedes
hacer esto". El profesor no responde. Solo
extiende la mano. En su palma, una llave de
hierro oxidado. La ofrece a Clara.
Ella la toma. La llave pesa más de lo esperado.
Al momento de tocarla, un ruido estalla en la
biblioteca. Los libros caen. Las paredes se
agrietan. Una luz verde irrompe por las ventanas.
El realismo mágico se activa. Las sombras cobran
vida. Las figuras de los libros se mueven.
Clara corre hacia la salida. El profesor la
sigue. Las mujeres lo persiguen. En la calle, el
mundo ha cambiado. Las calles de Valparaíso son
ahora un bosque de cristal. Las luces de los
faroles brillan con colores que no existen. El
profesor detiene a Clara. Le dice: "Esto no
termina aquí".
Ella lo mira. Él le entrega una segunda hoja.
Esta vez, el nombre es Jorge. El realismo mágico
se intensifica. El aire se vuelve denso. Clara
siente un dolor en el pecho. La llave en su mano
comienza a brillar. El profesor desaparece. Las
mujeres lo siguen, pero no lo encuentran.
La ciudad se transforma. Las calles se
convierten en un laberinto de espejos. Clara
camina entre ellos, buscando una salida. En uno
de los espejos, ve a su madre. La mujer le
sonríe. Pero cuando se acerca, el espejo se
rompe. El reflejo se desvanece.
Clara llega a una plaza vacía. En el centro, un
altar de piedra. Encima, una caja de madera.
Abre la caja. Dentro, un diario. Las páginas
están llenas de nombres. Entre ellos, el de su
padre. El realismo mágico se detiene. El mundo
vuelve a ser normal.
Clara cierra el diario. Sabe que no puede leerlo.
Algo dentro de ella le dice que no debe. Se
aleja de la plaza. El sol se pone. Las luces de
la ciudad vuelven a su lugar. El profesor
enigmático no está. Solo queda el eco de su voz
y el peso de la llave en su mano.


