El edificio de oficinas se derrumba en 1989.
Solo una sala permanece intacta, con
computadoras apagadas y archivos sin abrir. Un
chico de 17 años, programador autodidacta, entra
a robar componentes. Encuentra un disco duro
antiguo, conecta una pantalla vieja y ve
imágenes de una mujer que lo mira desde el
pasado.
La pantalla se apaga. La oficina está vacía,
pero el aire huele a incienso y a papel quemado.
El chico vuelve al día siguiente. Esta vez, la
pantalla muestra una carta escrita en su nombre,
fechada en 1983. Dice que él fue un amante de la
mujer, que ella lo dejó por su familia, y que
ahora él debe elegir si salvarla o dejar que el
tiempo siga su curso.
El chico investiga. Descubre que la mujer era
una activista de izquierda, desaparecida durante
la dictadura. Su familia, dueña de la oficina,
la encerró allí para ocultar su pasado. El chico
manipula el sistema, crea un programa que altera
la realidad dentro de la oficina. Cada vez que
entra, el tiempo retrocede cinco años, pero con
consecuencias: personas desaparecen, relaciones
se rompen, decisiones se repiten.
Una regla emerge: cada cambio en la oficina
afecta la vida real. Si el chico salva a la
mujer, su propia existencia se borra. Si la deja
morir, su familia pierde su poder. El chico no
puede salir hasta resolverlo. La oficina se
convierte en un laberinto donde el amor y el
pasado son armas.
En la última entrada, el chico encuentra a la
mujer viva, atrapada en una versión del 1985. Le
ofrece un lugar en su vida, pero ella rechaza.
"No puedo ser tu redención", dice. Él
la deja ir.
La oficina se colapsa. El chico sale, olvidando
todo. Pero en sus manos, un objeto: una llave
oxidada, con el nombre de la mujer grabado.


