El tren que llega a Valparaíso no tiene número.
Solo un rótulo desgastado: "Retro".
Las luces de
la estación parpadean como si recordaran algo
que no deberían. El oficial de policía que
revisa los pasaportes no pregunta por el destino.
Solo pide una foto. La mujer lo mira sin moverse.
Lleva un pañuelo rojo en la cabeza, el mismo
color de la sangre que mancha su camisa.
Un viejo librero en el barrio Bellavista le
entrega un cuaderno de notas. Las páginas están
llenas de nombres, fechas, direcciones. Todos
pertenecen a personas desaparecidas. El hombre
le dice que el libro es un "regalo" de
alguien
que ya no existe. Ella lo guarda en su bolso,
junto a una pistola de juguete y un mapa de los
suburbios.
En la oscuridad del subterráneo, el escritor
clandestino recibe una llamada. La voz al otro
lado le dice que hay un lugar donde las sombras
hablan. Un edificio abandonado en el Cerro San
Cristóbal, donde los fantasmas de los
desaparecidos pueden ser vistos si uno sabe cómo
mirar. Él no cree en eso. Pero el mensaje
incluye una coordenada y una hora. A las 3:17 AM,
cuando el cielo está más oscuro.
La mujer lo espera cerca del monumento a la
Independencia. Le entrega el cuaderno. Dice que
es una lista de quienes fueron arrestados
durante la dictadura. También hay nombres de sus
familiares. El escritor siente un nudo en el
estómago. No puede leerlo. Solo lo guarda en su
bolsillo, junto a un sobre con dinero y un
billete de tren hacia el sur.
El día siguiente, el tren sale a las 6:00 AM. La
mujer no está allí. Solo un mensaje escrito en
el asiento: "No te olvides del mapa". El
escritor lo abre. En el reverso, una dirección
en el barrio de Estación Central. Una casa de
madera, con ventanas tapiadas. Al llegar,
encuentra a una anciana sentada frente a una
televisión apagada. Le ofrece un té. El escritor
lo rechaza. La anciana sonríe y le muestra una
foto: ella era la secretaria del director de la
cárcel. El escritor se levanta. Sale corriendo.
En la calle, ve a la mujer esperándolo. Lleva un
pañuelo azul ahora. Le dice que no puede irse.
Hay una cosa que debe ver. Lleva al escritor a
un cementerio en el Alto Hospicio. Entre las
tumbas, hay un árbol de ciprés. La mujer le dice
que es el único que sobrevivió al incendio de
1973. El escritor no entiende. La mujer le da un
papel. Es un certificado de defunción. El nombre
es el suyo. El año es 1973. El lugar es un campo
de concentración en el desierto.
El escritor corre. La mujer lo sigue. El cielo
se nubla. Empieza a llover. El mundo cambia. Las
calles se convierten en ríos. Los edificios se
mueven. El tiempo se deshace. El escritor cae al
suelo. La mujer lo toma de la mano. Dice que no
es un sueño. Es una realidad alternativa. Una
que se creó cuando el régimen prohibió los
recuerdos. El amor prohibido no fue solo entre
ellos. Fue entre todos los que se negaron a
olvidar.
Al amanecer, el escritor despierta en un
hospital. No recuerda nada. Solo tiene el
cuaderno y el mapa. La mujer no está allí. Solo
queda un mensaje en la pared: "El amor no muere.
Solo se esconde". El doctor le dice que ha
estado dormido por tres días. El escritor mira
por la ventana. Ve a la mujer caminando en la
calle, con el pañuelo rojo. No la llama. Solo la
observa. La ve desaparecer entre la niebla.


