La médium Catalina vive en una casa vieja en el
Cerro Colorado, donde sus abuelas le contaron
historias de mujeres que se alineaban con
fuerzas antiguas. Un día, encuentra un cofre
bajo el piso, dentro de él un testamento escrito
en papel amarillo y tinta roja. El documento
menciona un pacto entre mujeres del siglo XIX,
sellado con sangre y juramentos que aún tienen
poder.
Catalina no cree en esas cosas, pero al leer el
testamento, siente un calor en la piel y oye
susurros en una lengua desconocida. Al salir a
la calle, notan que los edificios cambian de
forma, como si el tiempo se hubiera desdibujado.
La ciudad comienza a mostrar símbolos antiguos
en muros, y personas empiezan a recordar eventos
que nunca sucedieron.
Un grupo de mujeres, todas con rasgos similares
a los de sus abuelas, aparece en la plaza
central. Llevan máscaras hechas con cuero y
plumas, y hablan de "la renovación". Catalina
intenta correr, pero el aire se vuelve denso y
pesado, como si la ciudad entera estuviera
respirando.
Ella recuerda un viejo tabú: nunca tocar objetos
antiguos sin permiso. Pero ya es tarde. Las
mujeres la tocan y ella siente un vacío en el
pecho, como si algo se hubiera ido. Al día
siguiente, el mapa de Santiago muestra nuevas
rutas y calles que no existían antes. Los
vecinos hablan de un "regreso" y de un
"equilibrio perdido".
Catalina busca en archivos públicos y encuentra
registros de un culto femenino que operó durante
la dictadura, usando rituales para proteger a
sus hijos de la represión. El testamento era un
contrato de protección, pero también un
recordatorio: si el pacto se rompe, la ciudad se
despierta.
Al tercer día, los fantasmas de mujeres muertas
en la cárcel de Curridabat comienzan a aparecer
en las calles. Sus sombras se proyectan sobre
los muros, y sus voces gritan nombres de
familias desaparecidas. Catalina decide quemar
el testamento, pero al hacerlo, el fuego no se
apaga. En lugar de cenizas, sale humo que forma
palabras en el aire: "No puedes olvidar lo que
sabes".
La ciudad queda paralizada por una semana. Nadie
puede moverse sin sentir un peso en el corazón.
Al final, todo vuelve a su lugar, pero con una
diferencia: los edificios tienen grietas que no
existían antes, y las personas caminan con una
tensión en la mirada. Catalina no recuerda bien
lo que pasó, pero siente que algo ha cambiado
para siempre.


