La celda es de piedra y humedad. El olor a

tierra húmeda no cambia desde hace décadas. La

curandera ancestral duerme con los ojos abiertos,

como si el sueño fuera un ritual más. A su lado,

una urna de barro contiene huesos de animales y

raíces secas. Nadie sabe qué significa, pero el

sistema lo registra como "peligroso".

Un día, el guardia que la lleva comida no llega.

En su lugar, un hombre de traje civil entra con

una llave de hierro y una carta firmada por el

comandante. Dice que el país necesita "

limpieza".

La curandera toma la urna y corre al túnel

trasero, donde la tierra se mueve bajo sus pies.

El mundo ha cambiado. Las calles de Santiago

están vacías, los edificios tienen grietas que

no existían antes, y los árboles crecen en

zigzag, como si el viento los hubiera doblado

con intención. La curandera camina sin mirar

atrás, siguiendo una ruta que solo ella conoce.

Sus manos sangran, pero no se detiene.

En una choza en las afueras de Valparaíso, un

anciano le ofrece refugio. Dice que los antiguos

dioses no pueden ser encerrados, que el país

entero está bajo un hechizo de olvido. La

curandera le pregunta cómo saber qué es real. Él

le muestra una planta que crece en la pared: sus

hojas brillan cuando alguien miente.

Ella se queda. Pero una noche, el ruido de botas

rompe el silencio. Los soldados buscan "la bruja

que habla con los muertos". La curandera escapa

por el tejado, saltando entre chimeneas. Al caer,

roza un mural antiguo: un mapa de la región que

no existe en ningún libro.

En el bosque, encuentra un río que fluye hacia

atrás. Sabe que es el camino. Cruza el agua, y

al otro lado, la tierra es diferente. No hay

guerra, no hay prisión. Solo un pueblo donde los

niños saben quiénes son sus abuelos, y los

adultos recuerdan cómo respirar sin miedo.

La curandera se sienta bajo un árbol. La urna

está fría, pero el contenido late como un

corazón. El país sigue siendo el mismo, pero

ahora ella sabe que no es el único que recuerda.