El edificio en el cerro San Cristóbal no tiene

nombre, solo un número. Las paredes están

cubiertas de graffiti que cambian cada noche.

Nadie vive allí, pero las luces parpadean como

si alguien estuviera dentro. El medio escéptico

recibe una carta con su nombre escrito en tinta

roja, advirtiéndole que debe entrar antes del

amanecer o perderá el control de sus propios

recuerdos.

El médico de la comuna le dice que es un caso de

paranoia colectiva, producto de la tensión

política y la nostalgia por el pasado. Pero el

medio ve imágenes en las grietas: una mujer

llorando, un niño corriendo, un hombre con una

pistola. La policía no puede verlas. No hay

registros de la casa en ningún archivo oficial.

Solo un viejo mapa de Santiago, dibujado en 1973,

muestra el lugar como "Zona de Memoria

Perdida".

El medio entra al edificio. La temperatura cae

treinta grados en segundos. Las puertas se

cierran detrás de él. En el sótano, encuentra un

altar hecho con objetos de la comuna: un reloj

roto, una foto de un dirigente desaparecido, una

botella de vino de una bodega cerrada. Al

tocarlo, siente una voz en su cabeza: "No eres

tú quien busca la verdad. Es la verdad quien te

busca".

Una mujer aparece. Dice llamarse Clara, pero no

tiene identidad registrada. Le dice que el

edificio es un portal para quienes olvidaron

algo importante. El medio se niega a creer, pero

cuando sale, descubre que su propio pasado está

alterado: no recuerda si fue él quien abandonó a

su hermana o si ella lo dejó. La policía no sabe

quién es. Sus documentos tienen errores. Su

propia familia lo ignora.

Clara le explica que el edificio es un refugio

para los espíritus que no pueden pasar al otro

mundo. El medio, sin embargo, no es un fantasma.

Es un viviente que ha olvidado cómo estar vivo.

Para recuperar su memoria, debe enfrentar una

figura que vive en el corazón del edificio: una

sombra que lleva su rostro, pero que no habla.

La sombra le ofrece una elección: recordar todo

y morir, o olvidar y seguir viviendo.

El medio elige recordar. La sombra lo atrapa. El

edificio empieza a derrumbarse. La policía llega,

pero no puede ver el edificio. Solo ven un

terreno baldío. El medio despierta en la calle,

con un trozo de papel en la mano: "La memoria no

se libera. Se paga". El papel tiene un número de

teléfono. Cuando lo llama, una voz dice:

"¿Sabías que tu hermana sigue viva?".