El cuerpo de un hombre es encontrado en el río

Mapocho, sin identidad y con marcas de tortura.

La policía lo registra como un caso sin resolver.

En el mismo barrio, un joven delincuente llamado

Raúl recibe una carta anónima con la dirección

de un edificio abandonado. Al llegar, descubre

una habitación donde los muros están cubiertos

de nombres tachados. Una voz susurra: "No te

muevas". Raúl huye, pero al día siguiente, su

jefe de barrio aparece muerto en la misma calle,

con la misma marca en el cuello.

Raúl comienza a seguir pistas en archivos

municipales, donde encuentra registros de un

hombre llamado "Hombres" que fue

expulsado de la

ciudad en 1973. El nombre no figura en ningún

otro documento. Mientras investiga, su novia,

Camila, lo abandona, diciendo que él no era el

hombre que ella esperaba. Raúl se siente

acorralado, pero una noche, en la biblioteca

pública, encuentra un libro de mitología mapuche

con una nota escrita en español antiguo: "El que

mata al que no puede morir, se convierte en el

que no puede vivir".

En un taller clandestino de arte, Raúl conoce a

una artista que pinta retratos de personas

desaparecidas. Ella le muestra una obra que lo

representa, pero con ojos vacíos. Le dice: "Eres

el Hombre que no podía morir". Raúl niega la

idea, pero esa noche, su imagen en el espejo lo

mira y sonríe. El siguiente día, su madre lo

llama desde el campo, diciendo que un extraño ha

estado preguntando por él. Cuando regresa,

encuentra su casa vacía y un mensaje escrito en

la pared: "La traición no tiene dueño".

Raúl se dirige al edificio abandonado otra vez,

esta vez con un cuchillo. Dentro, encuentra un

espejo roto que refleja una figura alta y

vestida de negro. La figura habla: "Eres mi

hermano". Raúl intenta atacar, pero el cuchillo

atraviesa el aire. La figura lo toma por el

cuello y lo arrastra hacia el espejo. En el

reflejo, Raúl ve a un hombre de 1973, esposado y

con el rostro marcado. La figura dice: "Fui yo

quien te mató". Raúl grita, pero nadie responde.

Al salir, el edificio ya no existe.

Dos semanas después, Raúl es arrestado por

asesinato. La evidencia lo incrimina, pero

durante el juicio, un testigo describe al

asesino como un hombre alto, con ojos negros y

una cicatriz en la mejilla. Raúl no tiene

cicatriz. El juez lo libera, pero en la calle,

un hombre con la misma apariencia lo saluda.

Raúl corre, pero el hombre lo alcanza y le

susurra: "Ahora tú eres el Hombre que no podía

morir".