La estación de tren de Longaví se apaga bajo una

niebla espesa. Un niño sin nombre, recogido por

un sacerdote, crece entre los muros de un

colegio católico en las afueras de Santiago. Sus

manos no saben escribir, pero sus ojos leen

textos antiguos en un idioma olvidado.

Un profesor de historia, obsesionado con la era

de la dictadura, lo adopta como asistente. El

niño aprende a desentrañar mapas de la ciudad

que no existen en ningún archivo oficial.

Algunos edificios, según él, fueron construidos

sobre tumbas de indígenas.

En el aula, un estudiante de elite acusa al niño

de robar su trabajo en un concurso literario. La

rivalidad académica se convierte en una batalla

de mentiras. El niño, sin identidad, es obligado

a firmar un texto que no escribió.

Una noche, el niño encuentra un libro en la

biblioteca: Los Hijos del Amanecer. Las páginas

contienen nombres de estudiantes desaparecidos

durante la dictadura. El profesor, al verlo, lo

expulsa. Pero el niño ya ha visto el nombre de

su madre en una lista.

El niño abandona el colegio y entra a trabajar

en una fábrica de cueros. Allí, un anciano le

habla de una leyenda: que quienes nacen bajo la

luna llena pueden recordar vidas pasadas. El

niño no recuerda su infancia, pero sí la cara de

su madre, muerta en un accidente.

Un nuevo concurso escolar se anuncia. El niño,

ahora con un nuevo nombre, participa como

estudiante de un colegio privado. Su obra, una

novela negra ambientada en la dictadura, gana el

primer lugar. El jurado no sabe quién la

escribió.

El profesor, ahora despedido, busca al niño para

confrontarlo. Lo encuentra en un barrio popular,

donde vive con una mujer que lo cuida. El hombre

le dice que el niño no es el hijo de nadie, sino

un suplantador de un niño real, cuya vida fue

reemplazada por una sombra.

El niño, ahora con un historial limpio, recibe

una beca para estudiar en una universidad de

Valparaíso. En su nueva vida, no recuerda cómo

llegó allí. Solo sabe que el pasado no puede ser

borrado, solo transformado.

El libro Los Hijos del Amanecer desaparece de la

biblioteca. Nadie lo vuelve a ver. Pero en las

calles de Santiago, algunos dicen que el niño

sigue caminando, buscando a quien le robó su

nombre.