Un cuerpo es encontrado en el río Mapocho, con

la cara cubierta de barro y una cicatriz en la

nuca. La policía no puede identificarlo. Un

profesor enigmático lo reconoce por una marca en

el cuello y lo lleva a un cuarto bajo tierra,

donde los recuerdos se almacenan en frascos de

cristal.

El hombre despierta sin nombre, sin pasado, solo

con una palabra grabada en la piel: "

Hombres".

El profesor le dice que es un testigo de una

guerra que nunca tuvo lugar, un hombre destruido

por una utopía distópica que se construyó sobre

el silencio.

La ciudad cambia cada noche. Los edificios se

mueven, las calles se reordenan. Quienes duermen

juntos despiertan en lugares diferentes. El

profesor le muestra una carta del gobierno que

prohíbe hablar de ciertos años, de ciertas

personas. La memoria es un recurso escaso,

controlado por un consorcio que vende recuerdos

como mercancía.

El hombre comienza a soñar con un bosque donde

los árboles hablan en susurros. Una mujer

aparece en sus sueños, vestida de blanco, con un

crucifijo de madera en el cuello. El profesor le

dice que es una "sacerdotisa mapuche",

pero el

hombre no recuerda qué significa.

Un día, el hombre encuentra un frasco de cristal

en el suelo. Dentro hay una imagen: un rostro

familiar, una mujer con ojos negros y una

cicatriz en la mejilla. El profesor lo rompe,

diciendo que esa memoria no debe existir. Pero

el hombre ya la tiene.

La ciudad empieza a colapsar. Las personas

olvidan nombres, direcciones, incluso cómo

respirar. El hombre corre a la biblioteca

central, donde los archivos están quemados. En

las cenizas, encuentra una hoja de papel con una

dirección: "Calle Pajaritos 234".

Al llegar, encuentra una casa abandonada. Dentro,

una habitación llena de espejos rotos. Cada uno

refleja una versión diferente de él: un niño, un

soldado, un amante. En el centro, una mesa con

un libro abierto. El título es: Memoria de los

Hombres.

El profesor aparece detrás de él. Le dice que el

hombre no es un testigo, sino un recordatorio.

Que fue él quien creó la utopía distópica, para

evitar que el país volviera a caer en la

dictadura. Pero ahora, el sistema está fallando.

El hombre abre el libro y lee en voz alta. La

tinta se mueve, forma palabras nuevas. El

profesor se desintegra en humo. El hombre se

mira en un espejo y ve a la mujer del bosque.

Ella sonríe.

La ciudad deja de cambiar. Los edificios se

estabilizan. El hombre camina hacia la calle,

con el libro bajo el brazo. En la primera página,

hay una nota escrita en su propia mano: "No

olvides lo que eras".