El hombre camina con un cuchillo en la cintura y

una orden en la mente. Los Hombres Antiguos lo

esperan en el fondo de una cueva al pie de los

Andes, donde el tiempo se detuvo hace décadas.

El mundo cambió: la tierra se volvió más densa,

las sombras más pesadas, y los recuerdos se

materializan como objetos. Nadie habla del

periodo de transición, pero todos sienten el

peso de lo que fue.

El sicario recibe una carta doblada en papel

amarillento, escrita en un idioma olvidado. Dice:

"Cuando los Hombres Antiguos vuelvan, la

profecía se cumplirá". No sabe qué significa,

pero algo en sus entrañas le dice que debe ir.

La regla es clara: nadie puede hablar del pasado,

ni siquiera entre ellos. Si alguien lo hace,

desaparece sin dejar rastro.

Llega a una aldea abandonada, donde los

edificios tienen ventanas que reflejan imágenes

del futuro. Allí encuentra a un anciano sentado

frente a un fuego, murmurando palabras en un

dialecto mapuche. El anciano le dice que la

profecía es real, que los Hombres Antiguos eran

guardián de la memoria del país, y que ahora

están atrapados en un ciclo. El sicario no cree,

pero el anciano le entrega una reliquia: un

talismán hecho con piedra negra y pelo de un

animal misterioso.

Al regresar, el mundo parece diferente. Las

calles de Santiago tienen grietas que sangran, y

la gente camina como si estuviera soñando. Un

jefe de policía lo llama por teléfono, diciendo

que el talismán es un objeto prohibido, que

perteneció a un líder de la Unidad Popular. El

sicario no lo entiende, pero siente que está

cerca de algo importante.

En una noche de tormenta, el talismán comienza a

brillar. El sicario ve a un hombre vestido de

negro, con ojos que parecen dos agujeros en la

oscuridad. El hombre le dice: "No puedes

evitarlo. La profecía ya empezó". El sicario lo

enfrenta, pero el hombre desaparece, dejando

atrás un mensaje escrito en la pared: "Memoria

reprimida es la raíz del dolor".

El sicario decide buscar la verdad. Encontrará

que los Hombres Antiguos no eran solo leyendas,

sino una secta que mantuvo viva la historia del

país, incluso cuando otros la borraron. La

profecía no es sobre el futuro, sino sobre el

pasado que nunca se cerró. Y él, como sicario

leal, será el último en recordarlo.