En 1985, tras el colapso del régimen militar, un

joven funcionario del Ministerio de Justicia

encuentra un dispositivo olvidado en el sótano

de un edificio abandonado. El objeto, fabricado

por un ingeniero desaparecido durante la

dictadura, emite pulsos que distorsionan la

percepción del tiempo.

El político, convencido de que el dispositivo

puede reparar las heridas del país, lo lleva a

una reunión secreta con un grupo de exiliados.

Al activarlo, el tiempo se fragmenta: los

eventos pasados se repiten, pero con variaciones.

Un asesinato nunca cometido ocurre, un preso

político es liberado antes de su detención.

La policía comienza a notar irregularidades. Un

oficial, acosado por visiones de un futuro donde

el país está bajo control extranjero, investiga

el dispositivo. En un interrogatorio, el

político confiesa haberlo usado para "corregir

errores", pero el oficial descubre que el

dispositivo no cambia el futuro, sino que

muestra alternativas.

El político es arrestado. Durante su

encarcelamiento, el dispositivo se activa sin su

consentimiento, causando un cortocircuito

temporal en la ciudad. Los habitantes ven

escenas de su vida pasada y futura

simultáneamente. Un juez, al ver una versión de

sí mismo que rechazó la corrupción, decide

anular sentencias anteriores.

El dispositivo se destruye en un incendio

provocado por un grupo de ciudadanos que temen

el caos. El político, liberado por falta de

pruebas, se retira a una pequeña población en

los Andes. Allí, un niño le entrega un objeto

similar, pero más pequeño. El político lo mira,

luego lo arroja al río.

La ciudad sigue sin entender qué ocurrió, pero

algunos recuerdan detalles que nunca deberían

haber existido. La justicia, aunque inestable,

avanza.