El país se derrumbó tras una guerra nuclear. La

tierra sigue respirando, pero los hombres ya no

tienen rostros. Solo el viento habla, y susurra

nombres.

El detective cínico recibe una llamada de una

mujer que dice ser su hija. Dice que está viva,

escondida en una zona prohibida. Él no cree en

dioses, pero creerá en ella si eso le da un

motivo para seguir caminando.

La caza comienza en el centro de Santiago, ahora

un bosque de escombros. Encontrará huellas de

sangre en la nieve, y un mapa dibujado con tinta

de batería. El mapa lleva a una cueva bajo el

cerro San Cristóbal, donde los muertos aún

esperan.

En la cueva, un grupo de supervivientes ha

construido una comunidad basada en un pacto:

cada semana, alguien debe ofrecerse como

alimento para el "Silencio", una entidad que

habita en las profundidades. El detective

descubre que la mujer es la próxima ofrenda.

No puede matarla. No puede dejarla ir. Entonces,

él mismo se presenta como voluntario. El

Silencio lo acepta, pero no lo consume. En su

lugar, le muestra una verdad: la guerra no fue

un accidente. Fue un experimento. Y el mundo

actual es solo el primer paso.

El detective regresa a la superficie, con una

nueva identidad. Nadie lo reconoce. Pero ahora

sabe que hay otros como él, y que la caza no

terminará hasta que el mundo sea reconstruido o

destruido por completo.