El 1973, en una favela de Santiago, una niña

nace con la capacidad de ver lo que otros

olvidan. Su abuela, curandera ancestral, le

enseña a usar el poder de los antepasados para

sanar heridas. Pero cuando el régimen militar

prohíbe las prácticas tradicionales, la familia

se ve obligada a esconder sus raíces.

En 1985, la joven ahora adulta vive en un barrio

nuevo, donde el neoliberalismo ha convertido la

ciudad en un mapa de divisiones. Ella comienza a

recibir visiones de un hombre muerto en la

dictadura, cuyo espíritu pide justicia. La

comunidad local, dividida entre el miedo y el

recuerdo, no quiere saber de los fantasmas del

pasado.

Un día, el cuerpo de un desaparecido aparece en

el río Mapocho, con marcas de tortura que

coinciden con las que la curandera ha visto en

sus sueños. La policía ignora el caso, pero ella

decide investigar. Encontrará un diario oculto

que revela cómo el régimen usó a curanderos como

herramientas de control, manipulando creencias

para suprimir resistencia.

Durante una ceremonia en el cerro San Cristóbal,

la curandera invoca a los espíritus de los

olvidados. El aire se vuelve denso, y el suelo

se agita. Un grupo de hombres armados llega,

exigiendo que detenga su trabajo. Ella resiste,

usando hierbas y palabras ancestrales, logrando

que el terreno se transforme en un refugio

temporal.

Al final, el cuerpo del desaparecido es

identificado como un activista de la Unidad

Popular. La curandera entrega el diario a un

periodista, quien publica la historia en un

medio independiente. La comunidad empieza a

hablar, y aunque el sistema sigue en pie, algo

ha cambiado: la memoria no puede ser borrada tan

fácilmente.

La curandera sigue su camino, ahora con una

nueva generación que escucha sus historias. El

futuro no está escrito, pero la esperanza

persiste en cada palabra que se atreve a

recordar.