La oficina del sindicato está vacía, pero el
teléfono suena. El mensaje es breve: "El año no
terminará como esperas". La voz al otro lado es
conocida, pero no se identifica.
El líder sindical recibe un paquete con un mapa
de Santiago, marcado con puntos rojos que
coinciden con las zonas de protesta de los años
anteriores. Cada punto lleva una fecha y una
palabra: "sacrificio", "
silencio", "fuego".
El gobierno anuncia una ley que limita las
huelgas. Los trabajadores se reúnen en la plaza,
pero nadie habla. Solo se miran, como si algo
los hubiera paralizado.
En la biblioteca del sindicato, el líder
encuentra un libro antiguo, cubierto de polvo y
tinta. Dentro, una profecía escrita en
mapudungún: "El tiempo que viene no será el
nuestro. La transición traerá sombras que no se
van con el sol".
Un compañero desaparece. Su casa está vacía,
pero en la pared hay un dibujo hecho con carbón:
un hombre con una máscara de águila, sosteniendo
un fuego que no se apaga.
El líder sigue el mapa. En cada punto, encuentra
objetos: una pluma de un periódico clandestino,
un trozo de muro derrumbado, una carta sin firma.
Todos están relacionados con eventos que ya
ocurrieron.
Una noche, el líder ve a una mujer en la calle.
Ella le entrega un objeto: una moneda de plata
con una inscripción en español y mapudungún.
Dice: "El pasado no es un lugar, es un
peso". No
dice más.
La ley entra en vigor. Las huelgas son ilegales.
El líder se niega a firmar el documento de
desmovilización. Lo arrestan. En la cárcel,
encuentra un cuaderno con notas de otros presos:
todos mencionan la misma profecía.
Al salir, el líder vuelve al mapa. El último
punto es un edificio abandonado en el centro de
Santiago. Dentro, encuentra una estatua de
piedra: un hombre con los ojos cerrados,
sosteniendo una llama.
La Transición termina. El país cambia, pero nada
es igual. El líder no habla de la profecía. Solo
mira al horizonte, donde el sol se pone sobre
los cerros.


