La ciudad de Santiago se despierta bajo un cielo

rojo, como si el sol hubiera sido reemplazado

por un sol artificial. Las calles están vacías,

pero los edificios se mueven como si estuvieran

vivos. Nadie recuerda cómo llegó allí. Solo una

mujer, con ojos negros y manos frías, camina

entre los escombros, buscando a alguien que no

debe existir.

Ella es una viuda negra, pero no por amor. Por

costumbre. Por necesidad. Desde que su marido

murió en un accidente que no fue un accidente,

ha estado atrapada en un ciclo de muertes que

ella misma provocó, siempre para sobrevivir.

Pero ahora, algo ha cambiado. El mundo no

funciona como antes. La física está rota. El

tiempo se arruga como papel viejo. Ella siente

que algo la llama desde el interior de las

paredes.

En un barrio antiguo, donde los muros tienen

memoria, encuentra un objeto: un dispositivo de

cristal verde que emite un latido. Lo toca. Todo

cambia. Las paredes se abren, revelando un

espacio donde el pasado y el futuro se

entrelazan. Allí, ve a su marido, vivo, hablando

con un hombre que no debería existir. El hombre

le dice que el mundo no es real. Que es una

simulación, creada para ocultar una verdad que

nadie puede soportar.

Ella lo enfrenta. Le pide que le diga qué pasó.

El hombre se ríe. Dice que ella ya lo sabe. Que

el mundo fue reescrito para olvidar. Que su

marido no murió, sino que fue eliminado. Y que

ella, sin saberlo, lo ayudó.

El dispositivo comienza a vibrar. Un sonido bajo,

como un corazón. Ella siente una presión en el

pecho. Algo dentro de ella se rompe. La visión

se desvanece. Vuelve a la calle, pero todo es

diferente. Las personas caminan como sombras. No

reconocen su nombre. No saben quién es. El

dispositivo se apaga. Ella lo guarda en el

bolsillo.

Al día siguiente, aparece un cuerpo en el río.

Es el hombre del barrio. Nadie lo reconoce. Pero

ella sí. Sabe que él era el único que le dijo la

verdad. Ahora, el mundo vuelve a ser como antes.

Pero ella no. Sabe que algo no está bien. Sabe

que el ciclo no terminó. Y que ella debe elegir:

seguir el juego, o despertar.

La ciudad sigue funcionando, pero cada noche, el

cielo se torna rojo. Y ella espera. Aunque no

sabe qué vendrá después. Solo sabe que, esta vez,

no dejará que el mundo la controle.