La Universidad de Chile cierra sus puertas a la

noche. En el sótano bajo el edificio de física,

un grupo de estudiantes desobedientes activa un

dispositivo de "reconstrucción temporal"

fabricado con componentes de la era de la

dictadura. El experimento falla: no solo altera

el presente, sino que crea un ciclo donde los

eventos pasados pueden ser reescritos. La

máquina, llamada CronoFrag, funciona mediante

una red de energía generada por la memoria

colectiva de los ciudadanos, convertida en

energía pura.

Una joven influencer, María Cordero, es

reclutada por una empresa clandestina que opera

en las sombras del gobierno. Su tarea: promover

una campaña de "reconexión nacional", usando

contenido manipulado para hacer creer a la

población que la dictadura nunca existió. Pero

María descubre que su cuerpo almacena fragmentos

de un tiempo distinto — un tiempo donde ella fue

una activista desaparecida. El contrato que

firmó no era un trabajo, sino un acuerdo para

recuperar un pasado borrado.

La empresa le entrega un dispositivo de

"realidad ajustable", que le permite ver

imágenes de un mundo donde su madre no murió en

1973. Pero cada vez que intenta interferir, el

sistema retroalimenta su trauma, creando un

bucle donde el presente se vuelve inestable. Las

calles de Santiago empiezan a mostrar imágenes

de protestas que nunca ocurrieron, mientras los

ciudadanos comienzan a olvidar lo que sí sucedió.

La tecnología, diseñada para "corregir errores

históricos", ahora amenaza con crear una nueva

realidad donde la verdad es solo una elección.

María encuentra a un antiguo profesor, ahora

preso en una prisión de emergencia, quien le

revela que el dispositivo fue construido con

tecnología robada de un proyecto de la Unidad

Popular. El costo del uso es alto: cada

modificación requiere un "pago" de

memoria. El

contrato original exigía que María olvidara su

propia identidad. Pero ella no tiene intención

de pagar.

En una plaza central, durante una manifestación

ficticia organizada por la empresa, María activa

el dispositivo contra su voluntad. El sistema

entra en crisis: el pasado y el presente

colapsan. La ciudad se divide en zonas donde los

habitantes viven en diferentes versiones de la

historia. María se enfrenta a una decisión:

destruir el dispositivo y perder para siempre el

recuerdo de su madre, o dejar que el sistema

siga funcionando, permitiendo que Chile sea

reinventado una y otra vez.

La última imagen que queda es de una mujer sola

en una habitación oscura, mirando a través de

una ventana que muestra un Santiago sin murales

ni recuerdos. La máquina se apaga. El contrato

termina. El país sigue existiendo, pero nadie

sabe cómo.