La ciudad está cubierta de niebla perpetua. Los

edificios se alzan como fantasmas, sus ventanas

cerradas desde hace décadas. El sistema

eléctrico colapsó en 2015, pero nadie recuerda

cuándo exactamente. La luz solo entra por los

ojos de los muertos.

La enfermera nocturna recibe instrucciones para

revisar a un hombre que murió horas antes. Su

nombre no está en la lista, pero su cuerpo está

en la habitación 14. Al tocarlo, siente un

latido débil, como si el corazón aún intentara

seguir latiendo. No hay medicinas, ni equipos,

solo una linterna y una cama de metal.

El hospital es el único lugar donde aún funciona

la electricidad, aunque nadie sabe por qué. Las

luces parpadean sin razón, y las paredes

susurran en un idioma antiguo. La enfermera lo

registra como "muerto", pero al salir,

encuentra

a un hombre caminando en el pasillo, con la

misma ropa que el difunto.

En la sala de emergencias, otro paciente se

levanta de la mesa. Sus ojos están vacíos, pero

sus manos se mueven con precisión. La enfermera

corre a la oficina de registros, pero allí no

hay nombres, solo números. Cada uno corresponde

a una persona que ya no existe.

Un guardia le dice que no debe entrar a las

zonas prohibidas. Ella pregunta qué pasa si lo

hace. Él responde que no hay "si",

solo "cuándo".

La noche es larga, y el hospital nunca duerme.

En la oscuridad, la enfermera encuentra una

puerta que no estaba allí antes. Detrás, un

laboratorio abandonado. En las paredes, dibujos

de cuerpos humanos con múltiples corazones. Un

diario en la mesa: "Hemos despertado algo que no

debería estar dormido".

Ella abre el primer frasco. Una sustancia negra

brota, se eleva, y forma una figura humana. La

figura habla, pero no con palabras. Con

recuerdos. La enfermera ve imágenes de una

tierra sin electricidad, de gente que vivía en

la oscuridad. Entiende que el mundo no se

destruyó, sino que fue reescrito.

Al amanecer, el hospital se apaga. La enfermera

sale, pero no puede recordar cómo llegó allí. En

la calle, la gente camina con miradas vacías.

Nadie pregunta quién es. Nadie pregunta qué pasó.

Solo siguen adelante, como si nada hubiera

cambiado.