El año 1983 se convierte en un punto de quiebre

cuando los registros de la policía desaparecen

de los archivos. Un joven violinista, recién

llegado a la ciudad, comienza a tocar en plazas

y bares, pero sus manos no son las mismas que

antes. Alguien ha cambiado su nombre, su rostro,

incluso su pasado.

En la casa de su tío, un antiguo periodista,

encuentra una caja llena de diarios escritos en

código. Las páginas hablan de un grupo que

operaba bajo el amparo de la dictadura, usando

la música como señal de contacto. El tío fue

arrestado en 1973 y nunca regresó. La policía

niega cualquier registro de él.

El músico comienza a investigar, pero cada paso

lo lleva a confrontar a figuras del crimen

organizado que ahora controlan la ciudad. Un

hombre con un ojo de cristal lo sigue en la

calle; una mujer con un collar de piedras negras

le entrega un sobre con una dirección. En la

dirección, un edificio abandonado donde el

tiempo parece detenido.

Allí, entre los escombros, encuentra un retrato

de sí mismo de niño, junto a una nota: "No eres

quien crees". El crimen organizado no solo ha

usado su identidad, sino que también ha alterado

la memoria colectiva de la ciudad. Los

testimonios de testigos desaparecen, los

archivos históricos son reescritos.

El músico debe elegir: seguir buscando la verdad

o dejarlo todo atrás. Pero cuando entra en

contacto con una figura del pasado, descubre que

su suplantación no fue casualidad. Fue planeada

para protegerlo de algo peor.

La ciudad sigue con su ritmo, pero ya no es la

misma. El músico toca por primera vez en años,

con un nuevo instrumento y una nueva canción. La

gente lo escucha, pero nadie sabe quién es. La

memoria se ha reescrito, pero el sonido

permanece.