La oficina de Sebastián está llena de polvo y

papeles sin ordenar. Es 2023, pero el aire huele

a 1973. El gobierno recién nombrado ha prohibido

hablar del pasado, pero Sebastián, exfuncionario

de la Unidad Popular, sigue revisando archivos

de la dictadura. Un día, encuentra un sobre

sellado con un sello de la Dirección de

Inteligencia Nacional, dentro hay un mapa de

Santiago con puntos rojos marcados.

Al seguir los puntos, Sebastián llega a un

convento abandonado en La Florida. Allí,

descubre una caja de madera con documentos y una

carta escrita en código. Los documentos

mencionan "Hombres", una organización

que operó

durante la dictadura y ahora controla el

comercio ilegal en las comunas. El código revela

que los Hombres no son solo criminales, sino

guardianes de secretos que el Estado quiere

borrar.

Sebastián intenta revelar la verdad, pero es

amenazado por un hombre con una cicatriz en la

mejilla. El hombre le entrega una carpeta con

fotos de su familia, incluida una foto de su

madre, desaparecida en 1976. La amenaza es clara:

callar o perder lo que le queda. Sebastián se

niega.

Una noche, entra en el sótano de un almacén en

Maipú. Encuentra una sala con computadoras

antiguas y un archivo físico de nombres. Los

nombres coinciden con los de los Hombres. Al

tocar una carpeta, el sistema se activa y un

mensaje aparece en pantalla: "No puedes cambiar

lo que ya fue". Sebastián graba la información,

pero antes de salir, el almacén se incendia.

Dos días después, Sebastián es encontrado muerto

en el río Mapocho. Su cuerpo no tiene heridas

visibles, pero su cara muestra una expresión de

terror. La policía no investiga. Sin embargo,

alguien más encuentra los archivos que Sebastián

había guardado. Es una joven activista de la

comuna de San Joaquín, quien decide publicarlos

en un sitio web de noticias independientes.

La publicación desencadena protestas, pero

también una respuesta inesperada. Un grupo de

ciudadanos, algunos de ellos ancianos, empiezan

a reunirse en la plaza pública. Hablan de lo que

vieron, de lo que no dijeron. Algunos llevan

máscaras, otros no. Nadie pregunta quiénes son.

Solo saben que los Hombres aún existen, y que su

legado no termina con un cuerpo en el río.